En una revelación que ha entusiasmado tanto a astrónomos como a aficionados del espacio, el telescopio TTT (Two-metre Twin Telescope), ubicado en el Observatorio del Teide, en las Islas Canarias, ha logrado un hito científico sin precedentes: ha detectado un chorro de gas y polvo emergiendo del cometa interestelar 3I/ATLAS, un objeto que no pertenece a nuestro sistema solar y que ha cruzado nuestra región cósmica a gran velocidad.
Este fenómeno no sería extraordinario en un cometa común, pero el hecho de que haya sido observado en un cuerpo que vino desde otro sistema estelar lo convierte en un acontecimiento histórico. La forma en que este material sale disparado del núcleo, y la capacidad de observar su oscilación periódica, permitieron a los científicos calcular el periodo de rotación del cometa, estimado entre 14 y 17 horas.
Lo que más me ha llamado la atención es que, a pesar del origen aparentemente tan lejano de 3I/ATLAS, su comportamiento se parece mucho al de los cometas que conocemos dentro de nuestro propio sistema solar: responde al calor del Sol expulsando gas y polvo. Este tipo de “jets” o chorros son claves para entender la física interna de estos cuerpos helados.
Este objeto interestelar fue detectado por primera vez en julio de 2025, cuando ya viajaba hacia el interior de nuestro sistema. Desde entonces, ha sido observado con múltiples instrumentos, entre ellos el telescopio espacial Hubble y otros equipos en Tierra que han captado no solo su núcleo envuelto en polvo, sino también emisiones en rayos X, prolongándose cientos de miles de kilómetros a su alrededor.
Pero más allá de los números y las mediciones, lo fascinante de este descubrimiento es la ventana que nos abre hacia mundos más allá de nuestro vecindario cósmico. Cada observación de 3I/ATLAS nos enseña sobre cómo se forman estos objetos, qué materiales contienen y qué historias llevan consigo desde los confines del espacio interestelar.
Aunque el cometa ya se está alejando del Sistema Solar y no volverá —su trayectoria lo impulsa de nuevo hacia la vasta oscuridad— lo que hemos aprendido durante su paso cercano a la Tierra seguirá dando frutos. Las observaciones recogidas estos meses servirán durante años para comprender mejor la diversidad de cuerpos que habitan nuestra galaxia y lo que nos pueden contar sobre otros sistemas planetarios.








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